miércoles, 8 de mayo de 2013

Cena y postre.

Era una calurosa noche de verano, esa noche íbamos a cenar fuera, mi marido me paso a recoger después del trabajo y fuimos hasta el restaurante donde nos esperaban unos amigos. La cena era muy animada entre risas y vinos, en aquel momento sentí como me tocaban por debajo de la mesa, llevaba para la ocasión un vestidito corto lo cual hacia el camino más accesible a su mano. Estaba sorprendida pero a la vez me gustaba aquella sensación  todos eran ajenos a lo que estaba pasando, su mujer hablaba animadamente con mi marido, yo cada vez estaba más excitada. Me levante y baje al lavabo, me quite las braguitas, no tarde demasiado, pero cuando volví  note en su mirada como me estaba deseando, le cojí la mano por debajo de la mesa y le entregue mis braguitas súper mojadas, el se ruborizo, pero supo salir al paso, guardándolas en el bolsillo de su pantalón.  

La cena transcurrió muy deprisa, pedimos la cuenta y decidimos marchar a tomar unas copas,  el aprovecho para ir al lavabo antes de marchar y yo aproveche para ir tras él, mientras, los demás nos esperaban en la calle, Una vez en el lavabo lo empuje al lavabo de chicas y una vez dentro le baje el pantalón y me puse su pene en la boca, estaba a punto de estallar, era enorme,  nos esperaban y no tardamos en salir. Estábamos súper excitadísimos. Llegamos al pub a tomar unas copas y no tardamos en buscar una excusa para quedarnos los dos a solas. Aprovechando que estábamos fuera fumando un cigarrillo corrimos a buscar la oscuridad de la playa, y allí acabamos lo que habíamos empezado unas horas antes. Nos quitamos la ropa y me estire en la tumbona  me beso todo el cuerpo, con la mano me tocaba el clítoris  poco a poco me introdujo los dedos dentro, yo no podía dejar de tocar aquel pene, jamás había visto nada igual, deseaba tenerlo dentro de mí, no tarde en hacer mi sueño realidad, me introdujo su pene y empujaba con todas sus fuerzas, no tardamos en tener un orgasmo, nos apresuramos en vestirnos y volver de nuevo al pub. Todos estaban con su cubata y ni se habían percatado de nuestra ausencia, lo que quedaba de noche todo fueron miradas de complicidad entre los dos. No tardamos en marchar para casa, nos despedimos como si nada hubiera pasado, el marcho con mis braguitas de recuerdo de aquella noche  y yo con las esperanza de que aquella escena de la playa se vuelva a repetir alguna otra noche.....

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